Usualmente creía estar enamorada después de un beso. Hoy, puedo sentirme atraída, intrigada, enternecida. Pero enamorada, ya no. Al menos no como antes. La cosa viene después, con calma, no como estampida de búfalos. Es decir, ya no quedo plana.
Creo que no es que la vida a una la hace dura, es sólo que una crece y van bajando los impulsos (no las hormonas, POR SUERTE!) y una por ahí se vuelve más racional y hasta menos ilusa. Nos deja de afectar el hecho de que estamos solas, y las pinceladas estremecedoras como un beso, ya no nos hacen el mismo frizzz en el alma y la panza. Al menos, no en un segundo que se prolonga por días de días. Tal vez a estas alturas es todo más sencillo. Así parece.
El último fin de semana, a parte de bailar mucho, charlar, tomar unas chelas y unos whiskys (por suerte estaba borracha, pero me acuerdo), me entretuve besando una boca hermosa, que jamás pensé iba a besar. No puedo sentirme enamorada, pero sí feliz. Y creo, un poco más completa.
Con algo tan sencillo como un acercamiento de esos con alguien de alucine, vale la pena. Sin preguntas más tarde, ni ideas de compromisos, ni obligaciones de llamadas, menos una cama como paso siguiente. Mejor sería, en todo caso, el cine, una buena pizza y una charla divertida. Hacer eso muchas veces, combinar las salidas con unos tragos a veces, una cena en un lugar de lujo (chido, cheto), un paseo por un parque, un té a media tarde; y recién después, pensar en la cama, para que sea complemento y no se convierta luego en la excusa de salir corriendo.
1 comentario:
un relato de la evolución de la mujer, de pasar de esa locura adolecente donde los impulsos y hormonas van y vienen.
un beso y una cama, las alucinaciones de cualquier final de pelicula romántica, que fiasco si relamente desearamos eso. Concuero netamente contigo con que esas salidas y conversaciones entretenidas valen más que una noche fufaz de sexo.
^^
un gustaso leerte!!
*Mariela
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