Finalmente, se instala la cama entre ustedes. Inevitable. La primera vez no parece muy prometedora. Pero con el paso de los días y la constancia y la práctica, las cosas mejoran. No te puedes quejar. Ya tienes lo que querías hace tanto: una relación estable.
Con el transcurso de los días, de las semanas, ya empiezan las complicaciones, las preguntas -o más bien- las interrogaciones. Empiezan los celos, de uno de los dos lados, inevitablemente.
Quieres no ser tú la estigmatizada, pero caes en la misma red que algunas mujeres: eres una celosa patológica.
Es que la cama ya marca otros sentidos dentro de una relación: de posesión, de cierta pertenencia, de marcar territorio.
A veces resulta mejor ser una "villana", tomar al toro por las astas, convertirse en una poderosa mujer en la máxima expresión de sus capacidades sensuales y dominar al sujeto en cuestión en un dos por tres, látigo en mano y artes sexuales de por medio.
¿Cuál será la receta perfecta: dominatriz o cordero?
4 comentarios:
Una combinación de ambas: a veces dominatriz, a veces cordero.
Claro... EQUILIBRIO!!!! Yo tengo que aprender a aplicar la justa medida, ni tanto ni tan poco...
No hay recetes generales, yo creo que depende del sujeto en cuestión.
A mi me gustan complacientes primero, rudas después...
Grrrrr...
Etc.
jooo todo depende en esta vida..
exelente relato..
pasate por mi blog..
bye!
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