miércoles, 17 de septiembre de 2008

Paradoja

Ella estaba segura de quererlo. Había pensado mucho en sus labios, en sus ojos. Le gustaba su pelo cano, medio largo, enrulado. Estaba sola hacía mucho tiempo y él, parecía reunir una serie de condiciones que a ella le atraían como para estar con alguien.
Estar...¿Qué es estar con alguien?¿Salir?¿Hacer el amor?¿Besarse, conversar, tomar helados, ir al cine, compartir una casa?
Ella ya no sabía qué era eso. Él, no quería eso. En apariencia, porque se ponía rígido cuando ella se acercaba demasiado. Y ella intuía que no quería que lo bese, que lo toque. No otra vez. Hacía un mes que habían dormido juntos. A ella le costó levantarse de la cama e irse. Las sábanas estaba deliciosamente calientes.
Él no dio la talla. A los dos días, la dejó plantada. -Será más fácil así-, pensó. Ella se quedó en silencio, cerca, intentando darle otro beso, cuantas veces coincidieron, en cuanto lugar coincidieron.
Ella es una mujer hermosa, elegante, alta y delgada, con enormes ojos verdes y una cabellera rojiza que la hace totalmente deseable. Él no es más que un flaco desgarbado, sin ninguna gracia.
Así son estas cosas, amores ciegos, gustos raros...El día a día de la sociedad líquida.

2 comentarios:

Vania B. dijo...

Estar... saber que el otro está dispuesto a compartir(se) sin egoísmos, sin pajas mentales... difícil no?

Te dejo un abrazote.

Ambarviolenta dijo...

Sí, Vania, difícil. Especialmente si hay que dejar los egoísmos de lado.
Un beso.