martes, 22 de mayo de 2007

De lo platónico

La noche había llegado sin ninguna promesa. Me sentía agotada, melancólica tal vez y con una sensación de tener los huesos en pedacitos. A pesar del malestar, llegué a mi casa y me cambié de ropa, me compuse un poco la mirada (venía de días sin dormir bien y comer poco) y salí a escuchar buena música a un bar. Así, sin expectativas, sin intenciones (ni buenas ni malas).
En medio de la interpretación de la banda (una versión acústica, que no interesa cuál es, así como no viene al caso mencionar quién tocaba), me di cuenta de lo que iba a pasar a partir de ese momento: había encontrado una suerte de amor, en el lugar menos esperado, la noche menos esperada. Digo suerte, porque se trata de un amor platónico que no sabía que estaba alojado en mi corazón. Lo descubrí, sentado en medio de un mundo de gente, con esa presencia suya tan intensa, de pronto contratastada por sus canas y esa mirada inocente y pícara a la vez.
Entonces, se dio la magia. Explosión de estrellas en el corazón, fuegos artificiales en la panza, tensión repentina en la garganta y la necesidad de tocar sus manos. Qué difícil tener la intención y no poder sencillamente acercarte como quieres.
El tiempo hizo lo suyo y poco a poco, terminamos frente a frente, conversando. A pesar del alcohol, se sentía lucidez en sus palabras y mucha cercanía.
Después de contarnos un poco el sentimiento, nos despedimos sin haber transgredido en nada las líneas del respeto. Y claro, es por eso que se convirtió en platónico.
Y a raíz de este encuentro (o re-encuentro de almas, como descubrí después), me quedé pensando en lo que significa amar platónicamente y si a estas alturas cabe o no en la vida de una persona arriesgarse a albergar tremendo sentimiento.
Llegué a hilar algunas ideas al respecto:
1. Según dicen por ahí, lo platónico es un absurdo. Si es amor, o queremos que sea amor, debería incluir piel, sangre, besos, cuerpos fundiéndose en una misma llama.
2. Lo platónico sólo es sueño, es ideal, utopía. Es abrir una ventana a una posibilidad y después abrir la puerta y esperar que de pronto un beso haga esto real. O que se dé un contacto distinto.
3. El miedo inunda, porque si abres la puerta, pasas las fronteras, las propias y seguramente las del otro, para dejar de ser ajenos. Entonces, muta y ya no sé si el sentimiento se mantiene tan virginal y diáfano.
4. Alimentar un sentimiento que nace de la nada, cuando no se puede hacer nada al respecto, duele y aunque el corazón late y fluye la sangre de otra manera y de pronto eres más feliz por el simple hecho de sentir algo tan hermoso, tal vez no hace más que atormentar.
5. Al ser platónico, es tan de lejos. Justamente no hay piel, no hay nada que vaya a quebrantar el sentimiento. No intervienen justificaciones, preguntas, respuestas. Sólo es lo que es.
6. Es injusto. Yo no sé por qué pasan estas cosas. No alcanzo a entender por qué te ponen a alguien delante o te pones delante de alguien con quien no puede pasar nada. Es como que te dicen: ¿quieres?, compra! Pero hay cosas que no se pueden comprar.
7. Y si aparece una persona libre, a mi alcance, obvio tal vez no se parezca en lo más mínimo a este amor platónico, y no sé si debería mantener ambos sentimientos conviviendo dentro mío, encontrándose o contraponiéndose.
8. A pesar de estos cuestionamientos, que tal vez no tienen ningún fundamento (estoy con los cables más cruzados que nunca), prefiero sentir un amor así, aunque platónico pero que me permite sentirme más viva y más feliz todos los días.

3 comentarios:

Vania B. dijo...

Definitivamente necesitamos una noche de vinitos y de laaaarga charla.

Abrazos mil,

Eduardo Waghorn dijo...

De casualidad en tu interesante blog, que debo leer con la calma que se merece:)
Un sincero abrazo desde Chile, visítame si gustas.

PL dijo...

Sólo leí esta entrada y la anterior y, sin contar que sólo eché un vistazo a tu otro blog, me gusta el estilo y la fluidez. Interesante siempre el platonismo del amor, los encuentros en los bares, el llevarse a la cama a desconocidos. Y aunque cada vez menos, a pesar de la corta edad, pretenda estabilidad, siquiera en las relaciones, o casi como antítesis, en cualquier orden, casi siempre hace bien leer las esperanzas. Expectans.

Salud.