Siempre que atravieso momentos duros gracias a las decepciones amorosas, pienso en la canción de Silvio, "Son desangrado". Y veo cómo mi corazón quiere saltar pozos grandes, tal vez demasiado... Y hay otras en las que cruza charquitos, de un salto.
Sea como fuere, el corazón tiene esas ansias de saltar. No sé en qué momento tiene más ganas. No sé si después de una ruptura, no sé si después de un largo duelo. De pronto te dicen: "oye, de una vez, conseguite un galán". Y otros: "mejor te quedas sola un tiempo, sin nadie. Y así, haces lo que te dé la gana."
No sé qué receta es mejor. Creo que no existe una fórmula para curar un corazón desangrado. Es extraño, porque cuando se vacía/desangra, puede llegar a ser tan drástica la situación, que dejas de sentir. Es como vivir en una suerte de espacio en silencio absoluto. La nada.
¿Y si no está del todo vacío, cómo lo vuelves a llenar? Seguramente no habrá espacio para que entre algo nuevo y viene a ser peor, pues llenas y llenas, donde está lleno (valga la reundancia), y después se arma el bochinche, pues ya no es un corazón roto, sino dos. Y nadie entiende nada, y se dicen cosas muy dolorosas y el típico "esto no funciona". Y claro, no puede funcionar, pues una no está curada.
Muchas veces, mi tía Vicky, me decía que debía dedicarme a mí después de haber terminado una relación: me sugirió ir al cine, a tomar clases de alemán, italiano o francés; fecuentar a las amigas; ir al gimnasio, caminar, comer chocolates y fumar y beber menos.
No le había hecho caso hasta ahora que encuentro mucha satisfacción al ir a un gimnasio, pues me relajo mucho. Paso un tiempo escribiendo y leyendo. Voy al cine, veo películas en mi casa; paso un tiempo con mis amigos y camino largos trechos.
Mi corazón se va llenando de a poco, de mí misma, de las cosas que me gustan y de los momentos en que aprecio vivir. Observo mucho, cierro los ojos y siento el viento en la cara, imagino mundos paralelos, y creo que recupero un poco la capacidad de soñar, tan importante como comer, dormir o respirar.
Y creo que vale la pena, sea cual sea el motivo de dolor, darse un espacio para uno, abrir nuestra propia puerta y permitirnos salir, para curiosear un poco por ahí afuera.
Una se encuentra con muchas sopresas, agradables o no, pero sorpresas que te abren los sentidos y te ayudan a creer otra vez.
4 comentarios:
Pucha, el comentario que estaba escribiendo desapareció. Bueno, decía que no te imaginas lo acertado del consejo de tu tía Vicky. Creo que la mejor forma de curar un corazón roto es llenarse de una(o) misma(o) como dices, disfrutar de las cosas chiquitas de la vida como caminar, estar con los amigos, hacer lo que te gusta, en fin volver a quererse.
Te mando un abrazote desde mi soledad en la ciudad de los anishos.
Quererse y aceptar las cosas como vienen.Como decía un Catalan, "voy tratando de crecer y no de sentar cabeza"
Vania: Alguien dijo que dos soledades, cuando se juntan, se hacen una... Así que, desde la mía, te acompaño. Besos.
Nico: Sí, crecer... Sentar cabeza no sé si le pasa a todo el mundo. Yo, por ahora, prefiero mi cabeza loca!
Llenarse de una misma, que raro, mi mamá me dijo lo mismo.. hehe.
Me gusta la sinceridad de tu blog, gracias Lingam. :)
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